Cultivar la simplicidad voluntaria
En un mundo donde todo parece ir deprisa, donde las exigencias se acumulan, la simplicidad puede parecer un lujo o un ideal lejano. Y, sin embargo, a menudo es lo que más falta: un ritmo menos cargado, gestos más esenciales, una manera de habitar la propia vida con más presencia. La simplicidad voluntaria no pide renunciar a la comodidad ni vivir casi sin nada. Propone, sobre todo, una forma más consciente de afrontar el día a día, más cercana a uno mismo, más ligera. El verano, con su aliento más amplio, es el terreno ideal para ello.
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